Notas de la vida doctoral #19: mi batalla de Okinawa


Finalmente ¡Soy Doctora en Ciencias Sociales!! Mi tesis pasó a defensa oral y pública y fue aprobada ayer 18 de octubre. Además de ser un trabajo intelectual, una decisión profesional o laboral, hacer un doctorado es un proceso de crecimiento personal enorme, y de transformación #posta. Fue durísimo, pero también muy enriquecedor.

Estoy muy contenta, exhausta, fueron dos años de «terminar el proceso». Hice un esfuerzo muy grande, con malas y buenas decisiones, malos y buenos momentos, malas y buenas personas acompañándome.

Hace unos meses veía el documental sobre la Segunda Guerra Mundial en Netflix, y el episodio sobre la batalla de Okinawa me dejó una angustia tremenda porque describía el proceso doctoral: un desgaste continuo. Esta batalla fue de las más difíciles sobre el Pacífico, los japoneses tenían métodos de guerra y resistencia inusuales para desgastar al enemigo. Me pareció una buena analogía para describir el proceso doctoral, que, como dicen algunos foros de Internet y posts en Quora «está hecho para romperte». El documental muestra que lo que caracterizaba a los japoneses era ese «goteo mental» por el cual los ejércitos que se les enfrentaban terminaban exhaustos. Estados Unidos quería terminar la guerra. La antesala para el capítulo final de la World War II (WWII) era invadir Japón. Y para eso, primero tomarían Okinawa y luego otra isla Kyushu.

La batalla de Okinawa

Pero los japoneses decidieron que no los iban a dejar pasar, aunque eso involucrara las tácticas más crueles (como mezclarse con nativos en recovecos) y extremistas (como los kamikazes). Los relatos de Okinawa transmiten que «los perdedores estaban eufóricos, y los ganadores; deprimidos».

Tantas bajas de soldados generó la presión en el Presidente de ese entonces, Truman, quien fue aceitando lo de la bomba atómica -en pleno desarrollo- porque no querían lidiar con otra batalla de Okinawa que generara tantas bajas sangrientas y dejara la moral de los soldados por el piso. Se habla de una neurosis de guerra de los soldados norteamericanos, que no daban más, y que pensaban que iban a tomar esa isla en unos días, mientras que estuvieron 83 para levantar su bandera.

El doctorado es mucho más que estudiar, escribir, producir, o publicar. Como ya escribí se te traslada al cuerpo. Durante años los fines de semana me pasaba encerrada escribiendo (porque gran parte de los deadlines de revistas o congresos o lo que se les ocurra es un lunes), mis días de descanso eran martes/miércoles. Y así.

Gradualmente desaparece la vida social como la conocías, es un esfuerzo y un proceso sostenido en el tiempo, que cuando lo hacés te das cuenta porque dura unos 5 años. Incluso cuando pasás años, deadlines, exámenes, avances, artículos, sólo por un rato sentís que estás «ganando». Hasta que no se termina, no se termina.

Lo más decisivo es quiénes te acompañan, te pueden hacer el proceso más difícil de lo que es o ayudarte a pasarlo. En síntesis, la resistencia a ese desgaste es la clave de llegar hasta el final.

En síntesis, cuando me dijeron que pasaba a defensa por un lado pensé «se termina este martirio, finalmente». Pero, por otro, tenía muchas ganas de cerrar bien todo el esfuerzo, para lo cual la defensa es una importante instancia. No daba más del cansancio, pero fui preparando la presentación. En la defensa básicamente tenés que hacer el proceso opuesto al de escribir una tesis: tenés que presentar tu investigación, cómo trabajaste, por qué, hallazgos, aportes, etc.; en 40 minutos. Para obligarme a ser clara en mi exposición, aún siendo una presentación académica, decidí invitar a familia y amigues a ser parte de la defensa (virtual, pública). En un momento dije «uh, me voy a poner re nerviosa con gente que no sea de la facultad», pero también me entusiasmé de estar acompañada en ese momento. Mucha gente no avisa, o prefiere que no haya nadie ajeno al comité/directores. Yo disfruté tener esa compañía.

Ahora a descansar y relajarme. 🙂

Rocky Balboa. La sensación de «LO HICE!!!»


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