Magdalena Day

#Libros 19 and 20th: notes for a new insurrection (20 aniversario)


19 & 20th: notes for a new insurrection (20th anniversary edition), de la editorial Common Notions (acá link al sitio del libro) es el libro en el que publicaron las palabras que dediqué para recordar al Sebastián Touza, uno de los traductores. Junto al historiador Nate Holdren hace 20 años, tradujeron este libro sobre experiencias de organización política y social que surgieron en las manifestaciones por la crisis del 2001, del 19 y el 20 de Diciembre.

Esos días empezaron con el famoso «¡Que se vayan todos!», y marcó una nueva etapa política para nuestro país.La palabra resistencia, en ese entonces era algo muy fresco. Hoy está casi tan devaluada como el peso, en ese entonces sectores que quedaron totalmente fuera del sistema encontraron una forma para seguir adelante y subsistir. Este tema, las nuevas subjetividades políticas, le interesaba mucho a Sebastián, fue tema de su tesis cuando estudió en Canadá. Por otro lado, este libro es interesante para leer porque estamos hablando de una forma de organización social que vimos en Argentina en 2001, pero que en el mundo no se conoció hasta los movimientos Occupy en 2011 (que comenzaron en Estados Unidos). Michael Hardt, (<lo amo>) hace el prefacio del libro, destacando lo novedoso de las formas de manifestación, asamblea y organización de estos movimientos que nosotros conocimos en medio del colapso de ese diciembre. 19 & 20 rescata las experiencias y análisis de movimientos sociales que surgieron en el 2001, como formas autónomas de organización que no tienen que ver ni con el Estado, ni con el mercado, pero que constituyen la forma de vida de un gran sector de la población hoy. Qué importante ver en retrospectiva, que fue de las mismas.

Les comparto lo que escribí sobre el Sebastián, y después lo pongo en inglés, el original.

Sebastián Touza fue un investigador, un profesor, un intelectual brillante, y el ser humano más cálido. En los últimos años se interesó por cómo nuestra atención disminuye en el mundo digital de las redes sociales, y en la micropolítica del deseo en el cibercapitalismo. El seminario de Sociología de la Tecnología, que dio en 2016 junto a Cecilia Díaz Isenrath nos mostró lo privilegiados que éramos por tenerlo en Argentina, y especialmente en Mendoza, su ciudad natal. No obstante, lo que lo hizo alguien muy importante para muchos es que le dio espacio en sus grupos de investigación a lo que llamarías «outsiders»: desde programadores hasta expertos digitales, pasando por educadores y biólogos se encontraban con cientistas sociales para un análisis de la tecnología.

Indirectamente, invitó a algunos de nosotros a deconstruir nuestra propia labor como trabajadores digitales que iniciaban un camino en la investigación. Pero lo hizo de una manera muy sutil, sin dictar un curso de acción. Hablamos en muchas ocasiones sobre crear una estructura que contuviera toda nuestra diversidad y necesidades como estudiantes doctorales. Había, y todavía hay, un problema con las difíciles condiciones para cualquiera que esté interesada en tener una vida alineada con la labor intelectual. Él no tenía urgencia de darle forma a esa estructura, sin embargo invitaba a todos a participar ya que no buscaba poder ni le interesaban las jerarquías. Sin embargo, él era la persona a la que acudíamos para hablar sobre esto. Naturalmente gravitábamos a su alrededor por su generosidad y su consistencia como un intelectual comprometido. Luego de su muerte, entendí que su visión era más bien rizomática: sí, había un desafío en generar una base común para el pensamiento, pero ¿para qué darle un nombre o cualquier tipo de forma a las relaciones afectivas constituidas alrededor de ideas? Después de todo, los que perdimos y extrañamos a Sebastián, encontramos en él una puerta abierta, un mentor, y un amigo, sin siquiera preguntar.  

No voy a hacer una reseña ahora del libro porque lo estoy leyendo. Lo que les puedo decir de la Introducción, que es en donde escribe Sebastián, es que salen muchas cosas que él me decía en persona pero sin decir «mirá que yo pertenezco a este colectivo». Me decía simplemente «yo no pertenezco a ningún -ismo» (y se reía..como para que yo indagara de qué se trataba esto :), ya que no había que ser de un partido, ideología política o agrupación para participar en sus proyectos(es lo que dice el Colectivo Situaciones). Por esa apertura, y porque Sebastián era el pegamento que unía a personas muy diferentes, yo fui parte de sus actividades. También se puede leer mucho de su filosofía spinoziana y su metodología de investigación.

Supongo que escribir estas palabras fueron parte del proceso de duelo, de llorar la muerte de un gran amigo, y una persona que me va a acompañar siempre con todo lo que me dejó 🙂 Hace un par de meses me invitaron a compartir algo sobre lo que Sebastián estuvo haciendo en los últimos años, por eso destaqué los temas alrededor de la tecnología y las redes sociales.

English version

Sebastián Touza was a researcher, a teacher, a brilliant intellectual, and the warmest human being. In the last years he was concerned with how our attention is diminished in the digital world of social media, and with the micropolitics of desire in cybercapitalism. His Sociology of Technology seminar, taught in 2016 with Cecilia Díaz Isenrath, showed us what a privilege it was to have him in Argentina, and especially in Mendoza, his hometown. Nevertheless, what made him so important for many of us was that he gave space in his research groups to what you would call “outsiders”: from developers and digital experts to educators and biologists would meet social scientists for an analysis of technology. He indirectly invited some of us to deconstruct our own labor as digital workers starting a path in research. But in a very smooth way, as he would never dictate a course of action. We talked on several occasions about creating a structure that would  contain all our diversity and needs as doctoral students. There was, and there still is, the problem of the tough conditions for anyone interested in having a life aligned with intellectual labor. He wasn’t in a hurry to give shape to such a structure, but he would always invite everyone to participate as he didn’t look for power and wasn’t interested in hierarchies. However, he was the person to whom we all would talk about this. We naturally gravitated towards him due to his generosity and his consistency as a committed thinker. After his passing away I understood that his vision was rather rhizomatic: yes, it was a challenge to generate a common ground for thought, but why would you give a name or any kind of form to affective relations constituted around ideas? After all, those of us grieving and missing him right now found an open door, a mentor and a friend in Sebastián without even asking

Thanks to the friends of Common Notions

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