«Elon Musk», de Walter Isaacson, Parte II. Tesla y Twitter: X.AI

En este momento estás viendo «Elon Musk», de Walter Isaacson, Parte II. Tesla y Twitter: X.AI

Continúo con la reseña que empecé en el otro post, titulado Parte I. Como les comentaba, abordaré acá la parte del libro de Isaacson en la que se ocupa del proceso de compra y transformación de la red social Twitter, en X. A eso sumo las relaciones con las otras empresas de Musk, y el desenlace que perfila el autor.

Isaacson conecta la decisión de Musk de comprar Twitter con su infancia de niño acosado, lo cual, como ya dije, es uno de sus recursos biográficos. En la introducción del libro comenta que Musk sufría problemas de bullying en el colegio y podría decirse que el acosado tomó la decisión empresarial de «adueñarse del patio del colegio» en donde sufría. A eso se suma el Asperger del empresario que lo hace frontal, a veces cruel, y difícil para las relaciones humanas.

No creo que todo lo dicho justifique una decisión empresarial como la que tomó, y lo mal que la ejecutó. Isaacson se queda corto para definir el estilo de management de Musk. A lo largo del libro vemos a un director de empresas con un discurso bélico que utiliza para justificar su necesidad de control: deshace consejos de administración (boards), equipos directivos, sin seguir ninguna regla que no sea su propio criterio.

La compra de Tesla

Este es uno de los ejemplos sobre el estilo de management de Musk. Como dije en la parte I, Tesla no es una empresa que originalmente haya ideado Musk, a diferencia de SpaceX. Tesla surge de dos ingenieros/Emprendedores distintos que estaban diseñando prototipos y/o haciéndose con patentes para un auto eléctrico. Uno es J.B Straubel, de Stanford, que estaba trabajando en automóviles solares, nadie quería financiarlo hasta que conoce a Musk, y le dice que cree en su proyecto. Luego, Musk conoce a Martin Eberhardt, un empresario de Silicon Valley, que en 2004 estaba trabajando en un proyecto de eficiencia energética. Consiguió un prototipo hecho por Tom Gage y AC Ferguson.

(El fundador original y primer CEO de Tesla, Martin Eberhard, que terminó demandando a Musk. Via TeslaMag)

Como el auto iba a funcionar con un motor de inducción, decide ponerle el nombre del inventor de este dispositivo, Nikola Tesla. Entonces, tenía la idea, el nombre, pero le faltaba financiamiento. Musk entra en contacto con éste, ve que tiene el prototipo, y le dice que va a invertir 6,4 millones de dólares, pero que tiene trabajar con Straubel. Además, Musk entra al board, o consejo de administración.

Todo el proceso de producción y diseño de Tesla es muy interesante, y van a ver cómo Musk presiona tanto para que abaraten costos, toma decisiones sobre reestructuración de la compañía (como unificar el departamento de ingeniería con el de diseño/producción), que abaratan costos y llevan los autos a un diseño lindo estéticamente, ideal para cualquier producto de lujo que quiere ser aspiracional. Esto lo lleva a enfatizar que hagan el asiento más grande, o que cambien una manija de la puerta, etc. El libro dedica bastante al «Roadster», uno de los modelos de Tesla, con el precio más bajo. También muestra todo el trabajo que conllevan las decisiones sobre en dónde construir fábricas.

Pero, algunos episodios como el lanzamiento de un auto, en el que firma como CEO de la empresa Eberhard ofenden profundamente a Musk. En una oportunidad que el New York Times hizo una cobertura y no lo nombró, Musk salió a hacer otra declaración, pedir que lo pongan como el presidente de Tesla en el sitio, y cuestiones por el estilo. Su ya nivel de conocimiento lo hacía, por ejemplo, pasear en uno de los modelos con Schwarzenegger, o invitar presidentes y celebridades todo el tiempo. Pero esa necesidad de control lo llevó a no sentirse cómodo como «inversionista y consejero», para terminar siendo de facto director de la compañía.

(Imagen via NBC. Musk con Schwarzenegger, en ese entonces Gobernador de California. Musk hace muchas movidas de relaciones públicas con famosos y estas relaciones lo ayudan en su lobby)

El involucramiento de Musk con Twitter tiene dos aspectos: uno vinculado a su posición política, y otro, a una decisión empresarial. Empezó de una forma similar a la de Tesla: lo invitaron a participar en el consejo de administración.

Particularmente en Twitter se ve cómo Musk cree que sólo se puede arreglar la empresa si la vuelve a hacer privada nuevamente, sin opiniones y debates de otros directivos, y con su astucia y conocimiento. Es clara la incoherencia de pensar que sólo Musk puede resolver los problemas de la plataforma, sobre todo, para salvar la democracia, pero qué paradójico que para hacer eso tenga que prescindir de la gobernanza democrática de la empresa.

¿Por qué compra Musk Twitter?¿Y para qué?

(Ilustración via CNN)

Los capítulos de la compra y la desaparición de Twitter como la conocíamos son terribles. Es notorio, en un momento, cómo Musk se arrepintió completamente de su oferta de compra, pero decidió avanzar para no enfrentar problemas legales, y por su reputación.

Como motivo aparente, podríamos tomar las declaraciones de Musk sobre su preocupación del «virus woke» que para él ponía la democracia estadounidense en peligro. También, su giro hacia la derecha, como bien declaran sus amigos y familiares. Lo apoyaron los libertarios que ya conocemos de Silicon Valley: Thiel, uno de los primeros «contrarians» en promover ese pensamiento, Jason Calacanis, Larry Ellison, David Sacks, etc. Incluso recibe ayuda financiera de Andreseen-Horowitz para poder concretar la compra.

Como motivo no tan aparente, su necesidad de no quedarse atrás en la carrera por la Inteligencia Artificial. Esto también lo hace expreso Musk con sus declaraciones y con acciones. En unas pocas páginas sobre OpenAI, Isaacson menciona cómo Musk apoyó a Sam Altman al principio, por todos los problemas que podría traer la inteligencia artificial sino se cuidaba que no terminara dominando a los humanos. O, en términos de Musk, si no se procuraba que «no desapareciera la consciencia humana». La preocupación de Musk son Google y Microsoft, controlando la IA. Pero, luego de apoyarlo con dinero para fundar Open AI como una fundación de investigación, Musk le tira que podrían vincularlo con Tesla, que maneja miles de datos (videos sobre todo) de personas manejando sus autos, y de los experimentos en autos autónomos. Altman se ve que huele las intenciones de Musk de darlo vuelta y se mantiene firme, le dice que no. Musk se enoja y le quita su apoyo, por supuesto. Altman luego hace una alianza con Microsoft y lanza lo que conocimos como ChatGPT.

(Foto via NYPost)

Por lo tanto, su intención inicial parece ser convertir Twitter en «X», ese X.com que no llegó a ser gigante, porque se juntó con los de Paypal, en una plataforma para todo tipo de servicios financieros. Que la gente pueda cobrar por sus contenidos, enviar dinero, etc. Algunos intentan decirle que use blockchain, Musk dice que no lo ve. Gradualmente, en las declaraciones que le da a Isaacson, queda claro que Musk intenta ver los miles y millones de datos que generan los ya fieles usuarios de Twitter. Porque, como dice Musk, sus iniciativas de inteligencia artificial necesitan muchos datos. Por eso es que, casi al final del libro, y luego de la compra de Twitter y de convertirlo en X, Musk funda «x.ai». En 2021 en Tesla, empezaron a hacer los «Tesla AI Days», así que Musk ve que si compra Twitter esto se puede ir alineando.

Paréntesis, mientras funda miles de empresas, Musk tiene tres hijos con Grimes: A EX (X), Y, y Techno Mechanicus (Tau). Después del primero, X, ponerle a una empresa ese nombre me resulta espantoso. El tipo tiene hasta hijos por fecundación in vitro con una empleada, siempre con la excusa de «luchar contra la baja en la natalidad y la necesidad de mantener la conciencia humana viva». Si no fuera uno de los más ricos de la tierra, dudo que alguien incluya esto en un libro. Si bien Isaacson intenta mostrarlo como «los demonios» de Musk, y lo digo con cero tintes moralistas, me resulta surreal, bizarro, fellinesco.

Y acá volvemos a la parte de la compra de Twitter, porque aunque se trate del libro sobre un innovador, un millonario, y un visionario, da la impresión de que se arrepintió de la impulsividad que lo llevó a meterse en el lío de Twitter. En un principio, su notoriedad y posición como empresario hace que todos lo escuchen. Por supuesto, cualquier emprendedor o inversor sabe que Musk es uno de los empresarios más importantes del mundo. Pero, me sorprende cómo el board de Twitter le da cabida al principio.

Me acuerdo muy bien de esa época, Musk tuiteaba todo el tiempo sobre cómo la acción de Twitter (pública, cotizaba en NASDAQ hasta que la compró) tenía una performance muy mala. Eso lleva a que lo inviten a colaborar, pero gradualmente, hace que todo termine en este mal desenlace.Musk intentó bajar los 44mil millones de dólares que costaría la compra de Twitter con el argumento de que la cantidad de usuarios estaba inflada por la cantidad de bots o usuarios falsos, y por la falta de mecanismos para probar la identidad (humana) de un usuario.

El proceso de compra y descuartizamiento de Twitter es nefasto. No sólo por echar a los ejecutivos con los que empezó a tratar como integrante del board, como Parag Arawal, sino por la falta de profesionalismo con la que lo hizo -y que de a ratos acepta-. Uno de varios ejemplos: en su decisión de recortar el 75% del personal de la empresa hizo entrar en acción a tres jóvenes ingenieros con muy poca experiencia. Estamos hablando de Twitter, la que fue una de las empresas tecnológicas más innovadoras y emblemáticas de la web 2.0. Dos de esos jóvenes eran sus primos. O sea que elige a quienes tenían su total confianza para llevar a cabo sus decisiones autoritarias. Tenían que chequear quiénes habían colaborado con el código de Twitter para quedarse con esos, y echar a todos los que pudieran.

Estos chicos, denominados «los tres mosqueteros», fueron identificando a gente que era trabajadora y buena, para dejarla. Ben San Souci fue uno de los identificados, que duró poco, por supuesto por la forma en que se hizo todo. Yael Roth, otro, encargado de seguridad de la plataforma. Que al principio le cayó bien a Musk, y a sus consejeros. El problema para Musk era que Twitter estaba trabajando en contra de la libertad de expresión, manifestado, en por ejemplo, que suspendieran a Trump de la plataforma. Roth hizo aportes para ayudar a Musk en lo que quería, y también tenía buenos argumentos para cuando él quería hacer algo malo, pero al final renunció. Y al poco tiempo Musk lo empezó a perseguir mostrando tweets viejos, que llevaron a muchos haters a ir a amenazarlo a su casa, y el tipo terminó mudándose.

(Cuando hace una encuesta en Twitter para volver a permitir a Trump en la plataforma. Imagen vía CNN Business)

Muchas escenas así, delirantes. Le decían que tenía que mudar sus servidores, y que llevaría un año, y el armaba un equipo con gente de Tesla y SpaceX, y los mudó con un camión de mudanzas, de Sacramento, a Oregon. Todos los que sabían del tema le decían que era un peligro, al final la plataforma terminó andando mal varios meses por esa acción. Musk admite que fue un error.

A medida que leía esta parte, en donde pensé «bueno, voy a hacer una reseña más bien de los cambios en la plataforma, de Twitter como servicio que uso desde 2007», pero realmente se me fueron las ganas leyendo sobre ese proceso. Musk tomó una mala decisión, e hizo pagar a gente trabajadora por eso. Eliminó posibilidades de trabajo remoto, instaló un ambiente amenazante, inestable, TODO lo que llevó mucho tiempo cambiar en diversas industrias y concientizar.

Pero su deseo por eliminar el virus «woke» ha sido más fuerte que todo. Y su necesidad de poder. En un tweet dice a modo de chiste que al haber comprado Twitter «Trump va a poder ser presidente en 2024» y con los tweets que mandó esta semana criticando a Biden, no me queda la menor duda que va a usar X como plataforma de campaña, incitando el odio y el trolleo. A nivel técnico, y filosófico, el libro sí abre un espacio de análisis sobre este último tema. Musk se dio cuenta que no era tan fácil asegurar la libertad de expresión con personalidades como Kanye West, que hacía apologías de los nazis y más barbaridades hasta que tuvo que suspenderlo, o con los ataques de bots en temas específicos.

Otro asunto es la censura que hizo a varios periodistas, incluso a una que lo estaba ayudando a escribir los #ArchivosdeTwitter (o Twitter Files) un intento por mostrar las relaciones que la compañía tenía anteriormente con agencias del gobierno estadounidense para darles información sobre temas y personas problemáticas. La postura de Isaacson deja claro que para él Twitter había colaborado intencionalmente como un contratista del Estado en ese sentido. Bueno, el tema es que termina suspendiendo a varios periodistas y cortando relación con la periodista –Bari Weiss, de The Free Press– que había elegido para comunicar el asunto. Así de incoherente. En muchos casos, de traspiés, digamos, con gente y situaciones, Musk parece darse cuenta que se equivocó e intenta recomponer vínculos. Desde lo que le pasó con la Paypal mafia, hasta empleados de Twitter-X. Pero todo ese proceso parece destructivo.

«Twitter va a ser un grano en el culo al lado de tu aporte al mundo» le dijo su hermano Kimbal, cuando lo aconsejaba no comprar Twitter, no meterse en ese tema. Y creo que si vemos en perspectiva la trayectoria de Musk, SpaceX y Tesla parecerían ser lo más revolucionario. No sé que va a pasar con X, pero creo que no quedan dudas sobre cómo se fragmentó la comunicación en redes sociales con la adquisición de Twitter que hizo Musk.

En 2023 Meta lanzó «Threads», y Jack Dorsey, «BlueSky», una plataforma open source (muy parecida al Twitter de los primeros tiempos), a donde se mudó casi todo mi timeline académico. [Sobre Threads, podés leer mi opinión en este post, y sobre BlueSky escribí este otro]. Mucha gente migró también a Mastodon, lo que muestra que Twitter, o X, no va a volver a ser la plaza pública que fue en pleno auge de la web 2.0.

De hecho, quizás represente, sin que Musk lo haya querido, el fin de este ciclo, que muchos venían buscando con proyectos vinculados a blockchain, y el paso hacia otra cosa. En una frase Musk dice «La tecnología no progresa de forma automática, sino que necesita la acción humana», y creo que en este caso, su esfuerzo por destruir Twitter va a tener efectos a corto plazo, y seguramente nos lleven por nuevos canales de comunicación que antes no teníamos provisto usar. Ni hablar de lo desconcertante que resulta para instituciones, marcas, que se fueron corriendo de Twitter como anunciantes, en el momento en que Musk la usó como plataforma para perseguir gente y decir cualquier cosa con un falso apoyo a la libertad de expresión.

(Ayer veía esto y pensaba: sus empresas no están ni en el top 3 de las más valiosas del mundo, ¿valió la pena toda esta carincería?)

En síntesis, la sensación que me dejó el libro fue que es una terrible lección sobre management, y que muestra a Musk en su totalidad, con una personalidad detestable. Es recomendable para entender una etapa de la innovación tecnológica con la que no estamos familiarizados, porque a diferencia de los que invirtieron después del 2000 en medios sociales (Facebook, Twitter, Youtube), Musk hizo otro camino totalmente diferente. Las empresas en las que decidió invertir no iban dirigidas a las personas, ni a «contribuir a la conversación» online.

Por otro lado, creo que Musk promueve y refleja un retroceso. De hecho, el libro me despertó muchas reflexiones sobre los cambios en la cultura laboral vinculada a empresas tecnológicas, que no deben tener más de una década, y que Musk intenta barrer como puede. Y yo leía y me preguntaba «¿En serio este tipo quiere liberar una guerra por cambios que no tienen ni dos décadas?» Tolerancia, diversidad, todo eso para él es parte del «virus woke». De a ratos parece ser respetuoso y abierto, pero en otros, un villano. Como biografía de Isaacson, espero que sea superada por la próxima.

Imagen destacada via Bolsa Mania

Deja una respuesta