Magdalena Day

Sebastián Touza. In Memorian.


Qué tristeza escribir esto y qué ganas de que no sea cierta la razón. Pero me resulta necesario escribir sobre él y procurar que lo recordemos siempre. Creo que me voy a quedar corta con cualquier cosa que escriba. Cuánto aprendimos de él, qué especial fue tenerlo cerca, y ser parte de los grupos que se iban armando naturalmente a su alrededor. Qué dolor por un lado, por sentir ese vacío de manera colectiva, y cuánto nos deja por otro.

Profesor, investigador, mentor, y amigo. Trajo nuevas lecturas sobre la relación entre tecnología y sociedad a Mendoza. Su experiencia en el extranjero (principalmente en Canadá), y su sensibilidad con la realidad social hizo que trajera a nuestra provincia una forma única de vincularse con colegas y estudiantes. En las conversaciones que tuve con él sobre esta experiencia, la desigualdad en lugares del primer mundo, y la dificultad para vivir en comunidad eran algo que marcaba siempre.

Estas semanas y estos días en las que la peleó hasta el final contra el COVID-19 volvimos a entrar en contacto muchxs que nos conocimos gracias a él, y que nos sentíamos parte de algo que él convocaba. Eso es parte de su legado: abrir espacios, conectar, ofrecer refugio intelectual y fraternal. Estos ensamblajes que permitía siempre estaban conformados por gente diversa que se acercaba por Sebastián: estudiantes, artistas, activistas, profesores, etc.

Antes de tenerlo de profesor en el Doctorado de la UNCuyo, lo conocí por mail, cuando vi que coordinaba una mesa sobre Spinoza en un momento en el que empecé a leer a Michael Hardt & Toni Negri, Gilles Deleuze, etc., y tenía mucha curiosidad sobre esos temas que él tan bien conocía. Se dio así nuestra amistad, de una forma natural, y siempre con su generosidad que extendía a todxs lxs estudiantes.

Al año siguiente lo tuve de profesor en el Seminario de Sociología de la Tecnología, y luego en el Taller de Investigación II. También participé en un proyecto de investigación que dirigió, ya que como hizo conmigo y muchxs otrxs abrió espacios siempre para que participáramos, y hasta conocí el activismo en un barrio al que quizás nunca habría asistido.

Fue un maestro y mentor para muchxs. Me enseñó a pensar de una forma muy particular; y esas figuras que yo pensaba separadas, las encontré en el Sebastián. La última vez que hablamos fue en febrero, virtualmente, antes de enfermarse. Después del feedback por suerte lo vi sonriendo, cerramos hablando sobre cómo hay que leer.

Siempre estuvo. Una calidez humana, un compromiso ético enormes. Desde pedirle que me escuche practicando una charla en inglés, hasta ayudarme con mi tesis. Porque a veces le pedías pero otras él te ofrecía trabajar codo a codo. Recuerdo un congreso organizado por la UNSAM y el Gino Germani en 2017 en el que coincidimos. Yo estaba nerviosa, por ser mi primera exposición fuera de la provincia, pero me dijo el Sebastián que le mandara SMS por si andaba en otro panel así me escuchaba. En medio de caras desconocidas ahí estaba, haciendo apoyo espiritual. Esa tranquilidad que daba, con su presencia o su palabra era constante.

Tenía una tremenda solidez intelectual y profesional, y te lo iba compartiendo en los intercambios. Gracias a él leímos a autores que tradujo del inglés y del italiano, para conocer más sobre la relación entre tecnología y sociedad, o temas como los «enclosures» (cercamientos) del capitalismo, entre otros. Esas traducciones eran de autores que él conocía personalmente en muchos casos, y con los que tenía relación de amistad también como fue el caso de Silvia Federici y George Caffentzis, a quienes conocimos cuando visitaron Mendoza.

Me hizo cambiar ideas, abrir la cabeza. Me acercó un poco el mundo. El otro lado de la tecnología, el otro lado la racionalidad, el otro lado del conocimiento académico. Tuve tantas charlas con él, compartiendo deseos, frustraciones, sueños.

En la foto destacada, Sebastián leyendo a Deleuze en una especie de lectura poética en Casa Colmena en donde también estuvo Silvana Vignale (de la Facultad de Filosofía) en 2015.

No quiero dejar de mencionar las veces que Sebastián, Cecilia y Matilda nos recibieron a tantos en su casa – pre pandemia por supuesto- para asados, juntadas. A veces con invitados de otros lugares. Nunca vi algo así en la vida universitaria, una casa abierta. Sebastián nos hacía parte, y siempre hablaba de ellas. Eran su propio ensamblaje. Él nos mostró ese espacio común del que somos parte.

Nos deja tanto, lo vamos a tener siempre presente. Yo perdí un amigo, un mentor, siempre tuve su apoyo, hasta el último momento. Muchos en Mendoza, Argentina y esos otros lugares que conectaba perdieron también un gran intelectual y docente.

Te vamos a extrañar mucho Sebastián! Siempre vas a estar.

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