Magdalena Day

Opciones para el fin de semana: Tupungato y Chacras


©MZ Inspiration

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El fin de semana pasado estuve disfrutando los últimos soles otoñales (y los últimos climas tibios de Mayo) en dos lugares que me encantan de Mendoza, y que son al mismo tiempo lugares para vivir y visitar.

En primer lugar, y como opción para tomar el té: Bianco & Nero, ubicado en una casona vieja de Chacras de Coria frente a la tradicional panadería Jebbs. Tradicionales son también sus tortas de mousse de chocolate, o el exquisito lemon pie. La casona recuperada, tiene pisos originales y unas mesitas parecidas a las de cualquier cafetín porteño. Después del té pasé por un negocio de diseño con productos muy originales de artistas chacrenses. El camino estaba lleno de casas con parrales y árboles altísimos, viejos. Allí encontré lámparas, muebles reciclados, mucho color pero con la simpleza que caracteriza a los productos que alguien con casa en Chacras generalmente busca.

El domingo, si el clima acompañaba la opción indiscutible era Tupungato: bien sabe cualquier mendocino que no hay como el paisaje con viñedos rojizos, árboles amarillentos, montaña con los primeros picos nevados y mucho sol que caracterizan al otoño en Mendoza. El almuerzo fue en el Ilo, un lugar con mariscos y pescados de primera, buenos vinos; y adonde me gusta ir cuando no quiero sofisticación en cada paso sino un almuerzo bueno, sin más.

Quizás eso es lo que generalmente se piensa de Tupungato: que es un lugar para ir a modo turista y recorrer 2 bodegas en un día, o elegir una y quedarse todo el día, pensando también en los valores que las cartas de casi todas las bodegas tienen. Pero hay muchas alternativas, y elegir este lugar en el centro del pueblo, nos permitió trasladarnos en el auto, en muy pocos minutos a Kilka para tomar un café en uno de los lugares más lindos de la zona, con un despliegue de arte único.

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Cada visita a Tupungato me saca el aliento, no dejo de impresionarme de lo espectacular que es la Cordillera, y cuando nieva en invierno es más impactante aún. Tomar un café en la galería de Kilka, mirando ese paisaje a 50 minutos de la ciudad es lo más cerca que se puede estar de la palabra «desconectarse» para perderse en la pura naturaleza.

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