Magdalena Day

El dilema del sector tech


El otro día vi el documental The Social Dilemma que está en boca de todos. No dice cosas nuevas y es medio negativo, pero tiene un tono a «mea culpa» del ámbito tech necesario.

Si bien el documental es interesante, cabe destacar que no hay evidencia científica de que realmente las redes sociales nos «hagan mal». De hecho hay estudios que afirman que extienden la sociabilidad (es decir, propician que la gente sea más sociable, etc.) [EL I3 del UOC en Barcelona tiene investigaciones al respecto de +10 años si les interesa]. Es decir, no es todo malo. Los seres humanos queremos estar conectados con otros, desde hace milenios, solo vamos descubriendo formas distintas.

Lo que se dicen en el documental suena más a que los protagonistas que dan sus testimonios acerca de prácticas en Facebook, Google y Twitter cobran consciencia de posibles efectos adversos o de su propio rol, y de que la tecnología que diseñan los define tanto como personas como trabajadores.

La cultura emprendedora hace rato está bajo la lupa, las formas y prácticas del sector tech, con el que he trabajado mucho. Pero no solo por prácticas de una industria que al ser joven hacía lo que quería, sino por lo que se percibe como algoritmos que solo buscan la ganancia sin tener en cuenta impacto a su alrededor de cualquier tipo.

Esto ha llevado a que de ser uno de los sectores que mayor confianza tenían de las personas a nivel mundial, el sector tecnológico ha pasado a ser muy mal visto en los últimos años según señala el Edelman Trust Barometer, un índice de relaciones públicas que sondea la confianza en marcas e instituciones

Este «termómetro» de la confianza revela que la tecnología a nivel mundial dejó de ser el sector en el que las personas confiaban más que en el gobierno, e instituciones, inclusive. En este informe de 2020 que titulan «In technology we trust (ed)» [En la tecnología confiá (ba) mos] lo resumen . Las fakenews, la cultura del “burn out” de Silicon Valley, la necesidad de “regular los algoritmos”, entre otros han llevado a este fenómeno.

FRISCO, Golden Gate Bridge, de mi visita a ese lugar hermoso en 2011. Pasé por Palo Alto unas horas y visité Stanford.

Mi propia trayectoria profesional en los últimos años viene siendo crítica a prácticas que viví trabajando en emprendimientos: una forma de ser y trabajar agresiva, informal, sistemas de financiamiento poco transparentes, decisiones de CEOs arbitrarias, etc. (claro que vale decir que yo siempre estuve en las épocas de startup..no en las de unicornios :p) Ahora esto se ve mal pero durante muchos años era el «business as usual»: había que lidiar con ello.

En nuestra región es importante porque, entre otros temas, 1 de cada 3 trabajadores en Latinoamérica trabaja en forma independiente o es un pequeño empleador/Emprendedor, factores que evidencian el potencial de crecimiento, de crear nuevos trabajos y nuevas tecnologías que sigan modificando industrias tradicionales/obsoletas.

El nuevo desafío para los emprendimientos tecnológicos es ser críticos de su propia actividad. Algo que algunos como Facebook y Twitter ya lo están haciendo. Seguramente por la presión y porque son muy importantes a nivel global, pero incluso emprendimientos de menor escala tienen que empezar a entender esto.

Y esta crítica implica analizar el tema de la cultura de las startups /, porque es la que define cómo se construye una tecnología y cómo se posiciona esa startup, o mejor dicho, qué impacto tiene en una comunidad. Un inversor con perfil muy alto, cofundador de A16z, Ben Horowitz habla mucho siempre de esto de la cultura. ¿Por qué? Porque es la que define que un emprendimiento sobreviva. No se refiere solamente a cómo logran ganancias, hacen profit, sino a cómo un equipo se consolida y hace crecer una empresa, desarrollar nuevos productos, y un ecosistema.

Entonces, la cultura hace que la forma en la que una startup crece sea casi tan importante como la comunicación a sus distintos públicos. Y lo que el documental revela es que no se puede hacer PR (Relaciones Públicas) mientras las prácticas siguen siendo malas o nocivas, o ni siquiera analizan si pueden serlo.

Antes de que la gente y las empresas tuvieran conocimiento sobre efectos adversos de la tecnología, e incluso de las tecnologías en temas como la «gentrificación» , se trata de algo más que hacer campañas de PR

Las relaciones públicas se basan en la “integración rentable de las relaciones continuas y nuevas de una organización con sus actores clave, a través de un manejo de las comunicaciones que crean y protegen la reputación de su marca” (Caywood, 1997, p. xi). Entonces, hay una diferencia entre «hacer PR» (poner moderadores en Twitter y FB, incluir diversidad en la contratación, etc.) y ser críticos internamente de qué están haciendo que puede impactar negativamente en la sociedad.

Es decir, en vez de hacer Relaciones Públicas entendidas como el manejo de una reputación a través de actividades sostenidas en el tiempo, tienen que trabajar en analizar incidencia real y efectos negativos de su actividad.

Para mejorar estos niveles actuales de confianza Edelman recomienda al sector tecnológico comprometerse con la sociedad en comunicar sus actividades, explicar los aspectos positivos y negativos incluso de sus desarrollos, e integrar a todos los stakeholders.

En síntesis, además de crear valor tecnológico, económico e innovador, los emprendimientos deben identificar su posible impacto en un determinado ecosistema (industria, país, localidad, etc.). Para esto deben contratar tanto a los mejores desarrolladores, como a los mejores cientistas sociales (Facebook ya lo hace, incluso con alianzas con centros de investigación en Alemania como les he comentado), con una forma de los propios desarrolladores de la tecnología de ser críticos con su propia labor.

  • Bonus track les dejo un podcast muy bueno de uno de a16z (2017) The Why, How, and When of PR [El por qué, cómo y cuándo de las Relaciones Públicas]. del fondo de Inversión Andressen-Horowitz. https://bit.ly/2Q0Dzew 
¿Que te pareció el artículo?